JOVENES

¡Me enamoré por Internet!

Parece inverosímil cómo la tecnología a entrado a nuestras casas a grandes
zancadas y se ha instalado a vivir con nosotros. Como el televisor por
ejemplo, escasos al principio, hoy tan masivos que por más humilde que sea
el hogar debe haber uno endiosado en la esquina de la habitación más
importante de la casa, como lo menciona Pablo Huneus en su libro "La cultura Huachaca." Hoy, varias décadas después del primer televisor, el invento más revolucionario, "la última chupada del mate" según los jóvenes; lo mejor después de la ampolleta de Thomas Alva Edison según otros, se llama: Internet.

La Internet puede ser de mucha utilidad para un estudiante, un
hombre de ciencia o un empresario que ande buscando un sitio dónde vender sus productos pero, alto, no se equivoque, por más avanzada que esté la tecnología hay cosas que no se pueden hacer a través del fino cable telefónico, como le ocurrió a una amiga chilena, que un día navegando como veterano almirante por las vastas aguas de la red a través del "chat", se encontró con lo que parecía ser su príncipe azul montado no precisamente en su fiel corcel, sino más bien en su albo computador.

El muchacho dijo ser de las lejanas tierras norteamericanas y que andaba en busca de una princesa a quién darle su beso para despertarla. Ella se identificó como princesa y ofreció la mejilla por si quería darle el beso. Él aceptó y decidieron conocerse por un tiempo. Se confesaron que ambos eran creyentes en Cristo y con eso no les quedó duda alguna que había sido el mismo Señor quién estaba detrás de la red jugando con los cables para enamorarlos.

Después de varios e-mail de allá para acá y de acá para allá, creyeron estar listos para el paso siguiente: Conocerse personalmente. Ella empacó sus maletas, le dio un beso a sus papás y partió a encontrase con el futuro esposo que Dios le había preparado de una manera tan singular.

Al bajar del avión, después de la desilusión de ver que sus ojos no eran tan azules como él le había dicho, y ver él que ella era más gordita de lo que se imaginó, fue el primer balde de agua fría que ambos recibieron. De todos modos decidieron comenzar su romance para no hacer en vano el viaje, después de todo, ella le había asegurado a su pastor antes de salir que si no hubiera estado segura de que el cyber muchacho no era su futuro esposo, no viajaría.

Al comenzar a conocerse mejor se dieron cuenta que existían varias cositas que no se habían dicho por correo electrónico. Otras sí, pero que en la practica no se daban, algo así como el viejo refrán que usaban los enamorados de antaño que con pluma y hojas se declaraban su amor: El papel aguanta todo lo que le pongan -decían, cuando se daban cuenta que las promesas escritas no se cumplían. De la misma manera ahora, donde ya el lápiz y papel quedaron obsoletos, se podría decir: El e-mail aguanta todo lo que le escriban (incluyendo las faltas de ortografía).

El problema de estas relaciones es que no se puede saber si el que
está al otro lado de la línea es sincero o todo lo que dice es para
impresionar. Por tal motivo es difícil que estos amores lleguen a buen
puerto, es tan difícil como tratar de pasar un camello por el ojo de una
aguja.

Muchos, como mi amiga, han creído enamorarse de alguien virtual cuando en realidad no pasa más allá de ser atractivo por las falacias que escribe.
Debemos comprender que el amor llega a nosotros a través del conocimiento parcial o pleno de otra persona, de lo contrario estaría basado en ese castillo de naipes que es la mera atracción física. Por otro lado, cuando nos enamoramos de las presencia, valores, virtudes y defectos de las personas, entonces ahí y solo ahí podremos cruzar el umbral de la iglesia del brazo de nuestra esposa o esposo, sabiendo que nuestro amor está basado en lo que hemos visto y escuchado de ellos mismos.

Mi amiga volvió a su país desilusionada de su amor virtual que resultó ser
todo un desastre, reconociendo, eso sí, que se había equivocado. Sin
embargo, no se vino con las manos vacías, sus maletas regresaron con una
buena cantidad de moralejas y lecciones bien aprendidas, aparte, por
supuesto, de la ropa que aprovechó de comprase en EE.UU. Entre lo más
importante que aprendió fue: a) Que Dios no se conecta a Internet a jugar en el chat. b) Que la próxima vez que busque una persona para casarse no será por medio de la red sino que sería a la manera de Dios. C) Por último, nunca más volver a enamorarse de una persona que exprese puras cosas buenas de él y por sobre todo de aquellos que escriban besos con "v".


En este relato que se esta haciendo cada día más común, hay cosas para aprender y reflexionar. Cuidado con el amor cibernético del primer “chat”.

Apreciado lector Dios guíe vuestros caminos y decisiones con el principio de la sabiduría como dice el proverbista: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová.”

Este artículo fue tomado de la Internet y adaptado.

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Roberto Hodgson
Oficina de Misiones Hispanas USA/Canada
Coordinator
Hispanic Ministries

rchodgson@aol.com
(800) 738-7167


Sosteniendo sus manos en el cumplimiento de la Gran Comisión.
--Exodo 17:11-12